La risa

Viktor Frankl

El fino humor, que no la amarga ironía –que es su expresión neurótica- constituye, como bien ha demostrado V. Frankl una magnífica herramienta terapéutica y, también educativa. El psiquiatra vienés, fundamentó en él su famosa técnica conocida como intención paradójica, exagerar –hasta la risa- nuestra preocupación, nuestra incapacidad, nuestro temperamento, etc., resulta (paradójicamente) terapéutico.

El sano humor, hace que “no nos tomemos demasiado en serio” y ello crea una disposición psicológica muy favorable tanto para abordar nuestros conflictos como para lubrificar nuestras relaciones (conyugales, paternofiliales, educativas) y también para afrontar nuestras actividades cotidianas. R. Allers decía: – cuando veo a un paciente capaz de teñir su síntoma de humor, sé, entonces, que está en vías de curación.

Esto sirve también para nuestra intervención educativa. Diversos estudios sobre el perfil profesional del educador –entre ellos el de V. García Hoz- recogen entre las características que dibujan el contorno  ideal del profesor, su sentido del humor.

Reflexionemos, pues, con humor sobre el humor. Para ello nos valdremos de dos chistes de humor popular ídish europeo-oriental.

El primero ilustra nuestra capacidad de autodistanciamiento, es decir, de ponernos frente a nosotros mismos, o, mejor, por encima de nosotros mismos –sobreponernos-. ¡Cuánto nos han ayudado los educadores que han potenciado y trabajado en nosotros el ejercicio de tal capacidad! El mismo S. Pablo dice: – Hacedlo todo con una pizca de sal. Veamos.

Se encuentran dos amigos y mantienen el siguiente diálogo:

– ¡Felices fiestas, Iankl!
– ¡Felices fiestas, Avrom!
– ¿Tienes alguna preocupación, Iankl?
– ¿Por qué me lo preguntas?
– Porque no tienes muy buena cara.
– Te diré: no digiero bien; tengo los pies hinchados; el corazón se me ha dilatado un poco, y yo mismo tampoco acabo de sentirme bien…

Y el segundo, que transcribimos adaptándolo a nuestra profesión, puede servir para finalizar alguna tutoría individual especialmente tediosa:

Una alumna acude al despacho de su profesor a contarle sus problemas y desgracias. Después de una hora de lamentos, finalmente le dice:

– Estimado profesor, me siento mucho más aliviada y el dolor de cabeza que traía desapareció totalmente.
– No, mujer –respondió el profesor-. No es que tu dolor de cabeza haya desaparecido. ¡Lo tengo yo ahora!

El humor, pues, no como huida de la realidad, ni menos como desprecio soberbio del mundo y de los otros, o como actitud desengañada del que, perdida la ingenuidad, ya no espera nada de nadie ni de nada, sino “sano humor”, el que nace de nuestra conciencia de criaturas, el propio del profesor o profesora que saben que el éxito pedagógico es oculto, discreto, cotidiano.

 

 

Referencias:

  • Rudy & Eliahu Toker (2006), Reír en ídish, Riopiedras, Barcelona.
  • Epístola a los Colosenses 4, 6
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Una respuesta a La risa

  1. José Sáez dijo:

    Me encanta esta reflexión y la comparto plenamente. El teólogo polaco Tadeusz Dajczer, en su libro "Meditaciones sobre la fe" (San Pablo, Madrid, 1994), dedica un apartado a destacar la importancia del sentido del humor en la vida e incluso en la vida de la fe. Una frase se me quedó grabada a fuego: "Nada hay más triste que la mortal seriedad de los que se dan demasiada importancia a sí mismos". Razón tiene, el sabio sacerdote. Dejaré un chiste que me parece genial. Espero que les guste: La señora Wilbur denunció a su vecino porque éste le había llamado "cerda". En el juicio, el magistrado le dio la razón a la señora Wilbur e impuso al hombre una compensación económica por el insulto. El hombre pagó y dijo al juez: "He comprendido que no debo llamar cerda a la Sra. Wilbur. Pero, Señoría: ¿Podría llamar Sra. Wilbur a una cerda?". "Por supuesto. Puede usted llamar a una cerda como le venga en gana", contestó el juez. El hombre se marchó y, al pasar junto a su denunciante, la saludó diciendo: "Hasta luego, Sra. Wilbur"….

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