Elogio de la palabra en educación (parte 2)

La palabra en la educación

Dicen que “una imagen vale más que mil palabras”. La experiencia me dice lo contrario: “una palabra vale más que mil imágenes”. Sólo la palabra edifica a la persona. Lo que pone orden y estructura en el caos de nuestra mente no son las imágenes, que anidan desordenadamente en la memoria visual, sino la palabra, el lenguaje articulado, que lleva consigo un orden y una estructura lógica. También en educación la palabra está  desterrada. Las “nuevas pedagogías” la desprecianLa “clase magistral” (de “maestro”), basada en la palabra del profesor, está mal vista, suena a algo retrógrado, pasado, ineficaz.

No es que yo sea enemigo de las nuevas tecnologías, todo lo contrario, me apasionan. Pero rechazo que dichas tecnologías pretendan sustituir definitivamente a la palabra directa “de tú a tú” entre la persona del educador y la del educando. La desverbalización de la educación es para mí una deshumanización de la misma que ha traído y traerá aún más graves consecuencias. Puede haber “instrucción” no presencial (“on-line” se dice ahora), pero de ninguna manera “educación” integral de la persona sin que se establezca una comunicación verbal fluida y cara a cara entre maestro y discípulo.

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

Hoy preocupa mucho la proliferación de los problemas de atención, de concentración y de razonamiento en los alumnos. El TDAH está de moda. Nadie parece capaz de hallar una etiología y tratamiento definitivos. Estoy convencido de que, entre otras, una de las causas es que los niños pasan excesivo tiempo, incluso en la escuela, delante de pantallas, encharcados de imágenes y privados de la palabra oral y escrita, que construyen y ordenan la estructura mental. Trabajamos con mentes desestructuradas, sin apenas lenguaje. ¿Cómo van a atender, concentrarse o razonar?

Decía Santa Teresa de Jesús que “la imaginación es la loca de la casa”. Imaginación viene de imagen. Las imágenes copan la mente y campan a sus anchas por ella, desviando la atención y dificultando la concentración. Desde hace unos años se habla de “infoxicación”, esa inundación paralizante que nos produce el torrente imparable de información que alcanza a diario nuestra mente. No creo que se trate de contenidos culturales principalmente. Lo que anega nuestro cerebro hasta un límite inaguantable son las imágenes ¿No será esto lo que les sucede a nuestros alumnos?

Además, el razonamiento, el pensamiento ordenado, no se realiza con imágenes, sino con palabras, con conceptos, estableciendo relaciones lógicas entre ellos. No pensamos con imágenes, aunque haya quién asegure que sí. Con imágenes sólo visualizamos,  imaginamos o soñamos, pero no pensamos, ni reflexionamos, ni deducimos, ni inferimos, ni demostramos, ni ninguna otra operación de la razón. Pensamos con palabras. Los profesores nos quejamos de que a los niños, adolescentes y jóvenes les cuesta cada vez más “pensar”. ¿No tendrá este problema la misma causa?

No olvidemos, por último, que toda educación que merezca tal título debe ser un acto de amor. El afecto llega al niño por la palabra de la madre. Tal es la importancia del lenguaje que se sabe que niños criados con todos los cuidados, pero sin que se les dirija la palabra, acaban enfermando y muriendo. Bajo el gobierno del Káiser Guillermo I, se hizo en Alemania un brutal experimento en un orfanato de guerra que confirmó trágicamente esta tesis. La palabra y sólo la palabra nos permite establecer ese imprescindible vínculo entre educador y educando, un vínculo de amor.

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