El Ocio

El ocio {...} es evocación de tiempo libre, tiempo de paz, de sosiego, de tranquilidad...

Tanto la palabra latina schola, como la griega , de las que deriva la castellana <escuela> tienen, entre otros, el significado de ocio.  No con la connotación despectiva que hoy damos a la palabra, sino al contrario, como evocación de tiempo libre, tiempo de paz, de sosiego, de tranquilidad.  Tiempo que evoca la Oda a la Vida Retirada de Fray Luis de León que, a su vez, recrea el Beatus ille  horaciano:

¡Qué descansada vida

la del que huye el mundanal ruïdo

y sigue la escondida

senda por donde han ido

los pocos sabios que en el mundo han sido!

Sin embargo, parece que la escuela ha dejado esta senda que le es propia, este tiempo privilegiado  por estar libre de negocios (negotium) o asuntos molestos y poder dedicarse al cultivo de lo esencial, para instalarse, por el contrario, en un “tiempo acelerado y fragmentado” lleno de actividades que se acumulan, aunque a veces poco tengan que ver con la reflexión en profundidad.

En este tiempo discontinuo  “de consumo”,  lo importante es “moverse” para que no se produzca un tiempo “muerto”.  Pero, debemos preguntarnos el porqué de este miedo, ¿el miedo al tiempo “muerto” no será un síntoma de que la oferta de contenidos es banal y  necesita ser disimulada con activismo?

La máxima distintiva  de nuestro mundo contemporáneo -no puesta en cuestión-  que afirma que “el tiempo es oro”, y nos obliga, en consecuencia, a medir el tiempo con dinero, con eficacia, aplicada a la educación, convierte a la escuela más en un tiempo de negocio (que le es ajeno) que de ocio (el que le define), es decir, de “ocupaciones” más que de verdadera consagración al estudio y al cultivo intelectual y personal.

Importa más la eficacia, entendida como logro de unos objetivos curriculares de partida, que la comprensión en profundidad. Pero, como afirma  M. Holt “podemos hablar de un lavavajillas eficaz, pero cuando degustamos una copa de Rioja de crianza, no diremos, en cambio: < ¡qué vino tan eficaz! >[1]. O, dicho de otra manera, el saber tiene que ver con el saborear, con el entrar lenta y progresivamente en el quid de las cuestiones.

¿No sucede a veces que el exceso de actividades a realizar que desborda el tiempo escolar y se prolonga en casa -y lo mismo al día siguiente-, impide, precisamente, lo propio de una institución educativa, sea la escuela o la Universidad, a saber, la búsqueda sosegada de la verdad, y hace de algo apasionante como es  el aprender, algo tedioso?

Calidad vs cantidad. Dialogar, reflexionar, filosofar, ¿no se ha convertido en sinónimo de “perder el tiempo”? Sin embargo, necesitamos ese “perder el tiempo” para integrar los saberes y llegar al fondo de las cosas, es decir, para comprender algo. Y, aún más, hace falta tiempo para formar un verdadero espíritu crítico frente a un espíritu “de crítica”.

Quizá ha llegado el momento de retornar a la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido…

 

 


[1] M. Holt , Profesor emérito de Educación de la Universidad de Colorado (Denver) “Tiempo de calidad: el compromiso del alumno en la era de la inmediatez”, Compartir (Monográfico Elogio de la educación lenta), Fundación Espriu, nº 81, p. 34

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Una respuesta a El Ocio

  1. José Sáez dijo:

    Qué grato encuentro esta reflexión en la Página Web del Vicerrectorado. Hábil e interesante la oposición semática entre "ocio" y "neg-ocio". Ciertamente la enseñanza está falta de ese "ocio", de ese descanso interior del que no está "ocupado en muchas cosas", sino tan sólo se dedica a "saber", es decir, a "saborear" las importantes, que son más bien pocas (o quizá una sóla, como Jesús de Nazaret explicó a su amiga Marta). Y no sólo la enseñanza, sino casi todos nosotros en esta locura de vida posmoderna. Nos falta la "quietazione" de la que hablaba San Bernardino de Siena, la paz del espíritu, que también es del cuerpo y del alma. Todo es estrés. La ansiedad es padecimiento corriente. Es evidente que necesitamos pararnos, por dentro y por fuera, y degustar la vida un poquito.

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