“Todos aquellos que, empingorotándose sobre el elevado coturno de teorías que se autodenominan sublimes, no prestaron oídos al que les dice: ‘Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas’, se entontecen en sus pensamientos y se les oscurece su necio corazón. Al proclamarse sabios, se hacen necios” (S. Agustín, L VII, 9, 14)

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