“La crisis en la educación”, de Hannah Arendt

Ilustración de Hannah Arendt

Hannah Arendt, alemana de origen judío, fue una de las filósofas más importantes del siglo XX. Escribió en 1958 un artícuo titulado “La crisis de la educación” sobre el cual querría realizar una breve reflexión.

Los seres humanos tenemos vida y mundo. Nos desarrollamos como seres vivos y contribuimos en  mayor o menor medida a la edificación de ese ambiente al que llamamos mundo. A la educación compete la tarea de introducirnos en el mundo, que es algo dado (naturaleza) y también por hacer (cultura).

Como cualquier fenómeno que se precie, la educación tiene condiciones. Entre ellas, el respeto por la autoridad y la tradición. ¡Nadie se asuste por esos términos supuestamente altisonantes! Tradere (entregar, transmitir) es la raíz de tradición. Ésta  constituye pues una cadena de donantes o transmisores…¿de qué? De bienes. ¿A quiénes? A quienes acaban de nacer. ¿En virtud de qué? De su autoridad, claro está, que no es sino su capacidad para hacer progresar (significado del verbo latino augere, origen del vocablo en cuestión) a los miembros de la nueva generación mediante la adecuada transmisión de aquellos bienes. Los transmisores o educadores son por tanto los adultos, quienes, se mire por donde se mire, saben más que sus pupilos. Sin reprimir la tendencia al progreso, lo que enseñan, presupone siempre un cierto respeto por el pasado (lo ya escuchado, lo ya vivido, lo ya descubierto).

La tradición y la autoridad vienen siendo contestadas de modo permanente desde los tres supuestos de la educación moderna: la autonomización del mundo de los niños, la pedagogía concebida como una ciencia independiente de todas las demás y el acento unilateral en el pragmatismo (sólo se sabe lo que se hace). Hay intuiciones nobles tras esos supuestos. Pero, como tantas veces ocurre, llevadas al extremo, obstaculizan el necesario respeto por el pasado que es inherente a cualquier proyecto educativo adecuado e impiden dar con ese equilibrio entre conservación (pasado) y progreso (futuro) sin el cual la educación pierde su alma.

 

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Una respuesta a “La crisis en la educación”, de Hannah Arendt

  1. José Sáez dijo:

    Me agrada mucho esta reflexión del Dr. Ortiz sobre el artículo de Hannah Arendt. La tradición y la autoridad son elementos esenciales en la educación. Su casi total ausencia en las escuelas (y en los hogares) tal vez esté detrás de la situación de emergencia y de crisis de la educación que sufre nuestro país. Los binomios autoridad-libertad y tradición-progreso deben funcionar en perfecto equilibrio, sin exageraciones hacia ninguno de sus extremos. El arte de educar, precioso concepto acuñado por los grandes maestros pedagogos del pasado, consiste en saber lograr ese equilibrio.

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