Más preguntas de los alumnos (1 de 2)

Hay personas que, al actuar, no parecen tener en cuenta las consecuencias de lo que hacen. Son aquellos que padecen daños en el lóbulo prefrontal (tumores, demencia, etc), los psicópatas y sociópatas—indiferentes a las emociones y sentimientos más humanos. Su existencia ha llevado a que algunos duden de que la persona humana sea libre y responsable. ¿Qué decir de esto?

La respuesta a la primera pregunta consiste en no olvidar la libertad y responsabilidad de que goza un ser humano en condiciones normales. Por muy extendidos que estén, los casos patológicos son no normales, extraordinarios. Saber el grado de libertad y responsabilidad que un enfermo (de los anteriormente referidos) tiene, es algo que sólo podemos determinar caso por caso. Seguramente, la conducta patológica tiene algunos rasgos comunes con la conducta normal. Pero en lo que se distingue de esta última, habría que encontrar una explicación singular, aplicable al caso en cuestión. Ahora bien, insisto, se trata de casos extraordinarios. Si fueran ordinarios, nuestras vidas—y con ellas, nuestro pensamiento y nuestro lenguaje—serían algo muy distinto de lo que son. En una palabra, es sobre el trasfondo de lo normal como podemos distinguir lo que no es normal. Por consiguiente, la falta de libertad o la muy poca libertad que nos hace sospechar la conducta patológica de algunos, resalta sobre el fondo de la conducta de la mayoría de los seres humanos, libres y responsables cuando actúan voluntariamente.

¿Se decide lo que está mal “por consenso”?

En la respuesta a la primera pregunta, está la indicación para responder a ésta. Podríamos decir que el origen del acto humano bueno o malo está en el consenso que cada uno de nosotros da a la inspiración que sentimos hacia el bien o hacia el mal—sin perder de vista que semejantes inspiraciones no vienen de nosotros.

En un segundo momento, los hombres podemos consensuar un modo de conducta, una costumbre, incluso una ley, que siga la inspiración buena o la inspiración malvada (aparentemente buena). Pero estamos en un segundo escalón. El paso previo a un bien o un mal colectivo se halla en el bien o el mal individual.

Pero el que haya una invitación a sumarnos hacia un bien real o hacia un mal (bien aparente), presupone que nosotros no decidimos qué es lo bueno y lo malo (más que si hablamos de cosas como la etiqueta: llevar corbata o no llevarla al visitar a una autoridad, por ejemplo). Hay un bien natural (ley moral natural): es el que completa o desarrolla adecuadamente nuestra naturaleza. Hay cosas que son malas en cualquier caso: las que obstaculizan el feliz desarrollo de nuestra naturaleza o la destruyen[1].



[1] En el libro III de la Ética a Nicómaco, advierte Aristóteles que vale la pena dejar de vivir, antes de cometer actos como el adulterio, el homicidio y el robo. Luego, para el gran filósofo griego, hay cosas que son malas siempre (semper et pro semper).

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