Tomar posesión del método

¿Innovación Vs Tradición?

Cualquier profesor que pretenda ser honesto en su trabajo, se ve con frecuencia navegando entre dos aguas: las aguas bravas de la innovación, con sus nuevas tecnologías y sus metodologías a la boloñesa, junto a las tranquilas aguas de la didáctica clásica, con su profundización magistral en los fundamentos del saber. No es de recibo dejarse llevar por un didactismo centrado sólo en proporcionar una instrucción especializada sin finalidades últimas, pero tampoco lo es empeñarse en una romántica defensa a ultranza de ciertos métodos tradicionales que ven bien en profundidad, pero quizá no tanto en amplitud.

No parece correcta la desintegración ni el pragmatismo a ultranza que sufren actualmente los saberes, que vagan sin rumbo y sin puerto en el océano de la súper-especialización excluyente. Tampoco lo es el esnobismo metodológico en boga, que consagra la bondad de algunos métodos de enseñanza-aprendizaje sólo por el hecho de que son nuevos. Es la religión del  I+D+i, que forma parte de lo políticamente correcto y que deja fuera de juego a los que no asumen sus dogmas y participan en sus liturgias con la suficiente fe y devoción.

Pero tampoco es válida la melancólica postura de algunos profesores, en especial los más veteranos, que se escudan tras el principio de autoridad de su experiencia y la fábula de un pasado que “siempre fue mejor”, para disimular su anquilosamiento metodológico y su flagrante desconocimiento de las aportaciones de la investigación didáctica. No es preciso innovar por innovar, pero sí innovar para mejorar. Mirar siempre con buenos ojos lo pasado es tan  miope como mirar siempre con buenos ojos lo último. Hace falta aquí un equilibrio.

Es triste contemplar a muchos compañeros tiranizados por las nuevas tecnologías y métodos, perseguidos por esa especie de neo-inquisición posmoderna que amenaza con colgarles el humillante sambenito de anticuados y retrógrados. Es penoso ver cómo tantos colegas sienten la necesidad de pedir perdón sólo por impartir una clase magistral o por hablar sobre un tema más de 15 minutos. Pero también da grima repasar muchas guías didácticas hechas a retales, con toques de innovación metidos con calzador por mera obligación, sin ninguna fe y sin un conocimiento suficiente de las posibilidades reales de los métodos que introducen.

¿Cómo enfrentarse a esta cuestión metodológica sin perecer en el intento? Pues dejando bien claro quién es el que manda. Como lo oyen. En la actividad docente no deben mandar los métodos, ni los nuevos, ni los viejos. Caer en la servidumbre de la innovación es tan estúpido como quedarse en la seguridad de la tradición. La didáctica está para servirnos a nosotros, no nosotros a ella. Basta ya de sentirse perseguidos por esa eterna sensación de culpabilidad que provoca el estar pendientes de si somos o no lo suficientemente “modernos”.

Un buen profesor, ni es moderno, ni es antiguo, sino un profesional competente que escoge con absoluta libertad aquellos métodos que demuestran ser los mejores para cada materia, contenido, habilidad, persona y circunstancia. Jamás utiliza una técnica sólo porque sea novedosa, pero tampoco porque esté consagrada desde antiguo. Se trata sencillamente de utilizar las mejores técnicas disponibles para realizar bien su trabajo e ignorar cualquier otra consideración sobre este asunto. A esto lo llamo yo “tomar posesión del método”. De esta forma, asumimos el dominio de la situación, alejamos la ansiedad y nos perfeccionamos.

Por último, decir que para esta “toma de posesión” es necesario conocer bien los principales métodos, tanto los clásicos como los noveles. La formación permanente del profesorado no es opcional. No es profesional rechazar lo desconocido llevados por esa sardónica desconfianza hacia lo novedoso que exhibimos tantas veces los más viejos del lugar. Desde luego, tampoco es profesional rechazar lo antiguo cuando es la mejor opción, por mucha vergüenza que dé ser tachado de anticuado. Sólo la posesión de un buen repertorio didáctico nos permite “sacar del baúl lo nuevo y lo viejo” para servir lo mejor posible a nuestros alumnos.

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Una respuesta a Tomar posesión del método

  1. LORENZO TÉBAR dijo:

    Celebro encontrar este artículo del Prof. José Sáez. Enhorabuena. Parece que hay miedo a hablar del Método, cuando es lo que falta en las aulas. Comprobé en mi tesis doctoral (2001) que más de el 90% de los 860 docentes encuestados no tenía método. Sigo creyendo que es un problema bien actual que necesita afrontarse con profesionalidad, pues no se puede obligar a un cambio en la forma de enseñar -teorías implícitas- que da la seguridad al profesor, siguiendo la experiencia aprendida, como estudiante. Pero creo que es importante revisar las metodologías actuales, revisando las corrientes pedagógicas actuales de mayor credibilidad, definir el Paradigma que nos inspira y hacer una propuesta coherente. Agradeceré cualquier contacto para contrastar ideas en un tema de enorme urgencia para una escuela a la deriva que debería saber cómo preparar a los educandos para una sociedad incierta, pero anclada en el valor del conocimiento. Muchas gracias.

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