¿Hacia dónde se dirige la orientación universitaria?

A lo largo de todo un siglo, diversos autores tan destacados como Parson (1909), Garcia Hoz (1957), Pérez Boullosa (1986), Repetto (1995), Álvarez y Bisquerra (1996), Rodríguez-Moreno (2002), etc., han realizado un gran esfuerzo en delimitar el concepto de Orientación, ya sea desde su propia esencia, como desde el ámbito educativo, que es donde mayor implantación ha tenido.

Gracias a ellos, hoy podemos delimitar la Orientación centrada en el ámbito universitario, entendiendo que se trata de un proceso de apoyo, de guía, de encauzamiento, de información, de acompañamiento al alumno en su recorrido por la Educación Superior, que abarca los ámbitos personales, pedagógicos y/o profesionales, que puede requerir en un momento puntual o a lo largo de toda la carrera, con el objeto de dotarle de herramientas y medios suficiente para que alcance su desarrollo integral como persona.

Un estudio presentado en 2010, ha comprobado que el 89,5% de las Universidades Españolas consideran que se debe cubrir la Orientación, motivo por el cual se ponen a disposición de la comunidad universitaria los servicios necesarios.

No hay duda de la importancia que tiene esta etapa para la toma de decisiones personales, académicas y/o profesionales. Lo cual no deja de resultar paradójico dado que si se le diese la importancia que de verdad le corresponde, la orientación en esta etapa estaría perfectamente regulada, sin embargo, desgraciadamente, no se ha encontrado reglamentación alguna que marque pautas de actuación en esta actividad.

Esto demuestra que la necesidad de la Orientación Universitaria en España se está haciendo presente de una forma rápida, pero se está estableciendo su identidad y concreción lentamente.

Se dispone, por tanto de equipos técnicos que atiendan estás necesidades y se sabe cuál es el papel de los orientadores, pero sin embargo, falta una refelexion sobre cuáles son las necesidades que demanda el alumno universitario.

Está claro que dependerá del momento orientador en el que se encuentre (seré alumno, soy alumno o fui alumno). Pero a todos ellos les unen unas necesidades transversales ineludibles que debe responder todo orientador, tales como saber promover el aprendizaje, demostrar profesionalidad y comportamiento ético, integrar la teoría y la investigación en la práctica de la orientación, conocer la información actualizada, poseer una sensibilidad social e intercultural, dominar el desarrollo evolutivo de la persona, etc.

Ello obliga a la Universidad que desee formar a personas íntegramente a disponer de un equipo multidisciplinar adecuadamente formado que pueda dar respuesta a cualquier demanda que se le plantee.

Ojalá algún día se llegue a disponer tanto de regulación de la acción orientadora como de estos equipos, ya que será entonces cuando la Orientación Universitaria haya alcanzado la relevancia y consideración que merece.

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