Terapia postvacacional

Para empezar con un poco de humor

Se acaban las vacaciones y comienza de nuevo otro período, el laboral; siempre, ante cualquier cambio, debemos adaptarnos hasta conseguir un curso normalizado del trabajo sin malestar o desasosiego.

El llamado síndrome postvacacional, a mi juicio es completamente necesario. Yo no lo llamaría síndrome (conjunto de síntomas), es más creo que es un signo de buena salud lamentarnos de que acabe este período de vacaciones. Concretamente  pasamos de administrar nuestro tiempo de forma libre a someternos a un horario preciso, pasamos de realizar tareas agradables y gratificantes con poco esfuerzo a concentrar la mente en tareas que nos han encomendado, pasamos de descansar a tener un motivo para cansarnos. Pasamos de la vivencia del logro de sentido a recomenzar a realizar de forma regular un trabajo, una tarea.

Creo que para empezar podíamos dinamizar un sentimiento de gratitud por este tiempo que comienza y por las vacaciones pasadas. Ponernos a cero, “acerarnos”. Tener una tarea en la vida aunque sea barrer es fundamental, aleja de nosotros neurosis, ansiedades, temores y  por otra parte las obligaciones en relación con la familia, colegios, uniformes, puesta a punto nos saca de nosotros mismos de nuestro egoísmo más feroz y de la insatisfacción.

Entregarte pues a tu tarea, permanecer en ella y hacerla bien es una fuente de alegría. Ocuparse de las necesidades de nuestros familiares es una fuente que libera preocupaciones inútiles. La nostalgia no es recomendable, es un sentimiento de pérdida (lo bien que lo pasé) más autocompasión. La nostalgia nos paraliza. Ahora, otra cosa es recordar esos momentos gratos, esa siesta maravillosa, ese paisaje  precioso, ese baño en el mar, ese tiempo donado sin reloj, esa subida a la montaña, esa reunión familiar… ese recuerdo incita en nosotros una actividad mental que nos vuelve a relajar y, además, nos hace presentir que esas experiencias no se han terminado del todo, siguen viviendo en nosotros y podemos utilizarlas de vez en cuando haciendo imaginación guiada. Entonces se producen en nosotros casi los mismos efectos bienhechores que cuando las estábamos viviendo, esto es demostrable mediante resonancia magnética funcional.

Viene a resultar que esos pequeñitos momentos en nuestro discurrir del día, esa jaculatoria, ese café del intermedio, esa vuelta a casa, esa charlita con nuestro esposo/a, actúan como un fármaco, una pequeña dosis tiene un gran efecto. Háganme caso no se intoxiquen de ordenador, de discursos capciosos, de querer hacer prevalecer nuestro criterio, de malos pensamientos.

Claro que en el ámbito rural es ahora cuando comienzan a descansar de verdad han recogido en julio y agosto la paja que ya la tienen envuelta en sus plásticos para el invierno, han matado el cerdo y los terneros suficientes y los han congelado  en grandes frigoríficos y pronto recogerán el ganado a buen recaudo; otros recogerán las uvas, otros sembrarán… se sentarán a la lumbre esperando la llegada y salida del invierno… Nos hemos alejado tanto de la vida en la naturaleza, de su silencio, de su lentitud, de su paisaje que siempre acompaña, que, evidentemente, en la ciudad todo se hace más artificial y complicado. Sería interesante conservar algún hábito natural, o bien algún “paseo terapéutico” con la mujer o el marido.

Prepararse un buen ámbito para la vuelta al cole es fundamental: arreglen su escritorio, tiren papeles viejos, den libros y cachivaches olvidados… limpien trastos.

¡Ah! y recen porque no vuelva la guerra, recen sin parar para recibir el don más precioso: la paz

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