Cinco claves para enfocar las tutorías

Estimados tutores: tuvimos este curso  pasado una reunión  en la que pudimos compartir nuestra preocupación por la atención personalizada de nuestros alumnos que consultan cualquier problema, además de los puramente académicos; es más los profesores detectamos, de forma implícita, asuntos (algunos graves) que discurren por el alma de estos jóvenes y que les son motivo de trastorno o sufrimiento. Por negligencia e ignorancia, en ocasiones son presa de cierta tristeza moral, es decir, se encuentran “des-moralizados”.

Gracias a Dios el ambiente de la universidad es formidable, y da pie a que haya una comunicación franca e íntima en ocasiones. No se trata de dar normas o reglas sino de tener unas cuantas claves -y si son pocas, mejor-,  para enfocar los asuntos que nos vienen dados en tutoría. Ya decía Hipócrates que es más  importante descubrir qué tipo de persona padece una enfermedad que qué tipo de enfermedad padece una persona.

Luego nuestra primera clave es: “persona”. La persona es más que su problema (diría Frankl). Ésta clave abre la interioridad y desdramatiza la cuestión que en muchas ocasiones nos invade. Realmente el problema no es el problema sino el lugar que ocupa en nuestra vida. ¿Estás invadido por el problema?, perdona que te diga, no estás bien ubicado en la existencia. Los padres de la Iglesia (s. IV) dicen que, en realidad,  en la existencia humana tenemos únicamente, tres problemas: el primero que voy a morir, el segundo que no sé cuándo voy a morir y el tercero que no sé dónde iré después de morir. Ciertamente esto no es para decirlo a nuestros alumnos pero es necesario que nosotros lo tengamos presente (¡colguemos, pues, un post-it en el cogote con esta  admonición!).

La segunda clave: a mí parecer, es urgente inducir desde la primera infancia una creciente “tolerancia a la frustración”. Y es que la frustración no es negativa, es una clave para superar obstáculos. La pregunta que me hago es: -¿dónde está el obstáculo? Vamos a dar un empuje a nuestros alumnos, amigos, o incluso a nosotros mismos para saltar el obstáculo. Ciertamente quien salta es cada persona, no podemos saltar por ellos; pero, sí podemos hacerles ver que el obstáculo no es un monstruo que viene hacia ti, eres tú quien va hacia él para “disolverlo” o “resolverlo”.

Creamos en las posibilidades de nuestros alumnos, es más, abramos posibilidades y ellos decidirán y decidirán bien. Podemos traer a la memoria una adagio judío: “divide el alma en dos partes  y que una amoneste a la otra” Y, también, las palabras del salmo: “alma mía recobra tu calma, que El Señor fue bueno contigo”. Una pregunta que muchas personas con frecuencia nos hacen cuando nos solicitan ayuda es: – “oiga, ¿esto que me pasa es normal?, ¿le pasa a otros? ¡Claro! – contestemos – , esto nos pasa a todos: “somos seres frustrados”. Pero esto ¡no es negativo!, es la materia en la que se asienta el éxito en nuestras empresas, es el motor de la obstinación. Felicitaban a Edison por haber logrado inventar la bombilla, pero él contestó humildemente: ¡después de unos mil y pico intentos frustrados!

Tercera clave: “Escúchales”. Escuchar con paciencia es un acto de caridad. Bastantes jóvenes refieren que sus padres y tutores no les escuchan ni comprenden, tienen demasiada prisa. A veces el adulto se limita a –fastidiosamente- asentir sin investigar a fondo: ¿qué le pasa a este muchacho? El mismo muchacho o muchacha, hablando, nos da las directrices de nuestra intervención. No sirve cualquier emplaste aplicado a cualquier persona, no se curan del mismo todas las enfermedades. Ciertamente nuestro joven postmoderno es inmaduro (no sabe sufrir), pero, sin embargo, está abierto a encontrar un sentido al sufrir y no solo al disfrutar. Hemos de inculcar en nuestros alumnos que se inclinen más a cumplir sus deberes que a reclamar sus  derechos porque se logra más sentido (más alegría) realizando una tarea, que esperando que otros la realicen por mí.

Cuarta clave: Provoquemos una cultura del perdón y de la reconciliación, de la gratitud por la existencia. El don más grande que tenemos todos son las personas. Es cierto que, a veces, nuestras relaciones van manchadas de tedio, indiferencia, odio o conflicto, es la condición humana; pero, esto ¡no es negativo! Es el umbral del “amor verdadero” que es  el anhelo y la motivación más grande del ser humano.  Todo ser humano por muy malas que sean sus condiciones dispone de una “chispa de la vida buena” en su alma. Hay que dinamizarla y saberla encontrar. Actuemos de disuasores de conflictos, planifiquemos la posibilidad de abrirnos al amor pleno.

Quinta clave: Ellos son responsables porque son personas. Ahora bien, la pregunta que he de discurrir es: – ¿qué tengo que hacer  yo (como tutor, como padre, como profesor) para que él descubra lo que tiene  que hacer él? Lo que debe ser hecho “aquí y ahora”, entremos en la realidad y afrontemos el presente; la fantasía sobre el futuro nos hace pretenciosos y orgullosos. Nuestro peor enemigo no es el problema es la soberbia, que impide toda salida e inhibe la creatividad.

En cierto sentido resolver problemas académicos es lo más fácil, atender a las enfermedades del cuerpo un poco más difícil, pero estar dispuesto a abrir una salida a los dolores del alma, eso es un arte.

Tener un profesor, un tutor, una persona que nos quiere o que quiere querernos es un don: en él puedo contrastarme -como en un espejo- con la seguridad de que me va a decir la verdad.

¡Ánimo tutores!

José Ignacio Prats y Gracia Arolas

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Una respuesta a Cinco claves para enfocar las tutorías

  1. pedro dijo:

    Aprovechando estas claves que se ofrece desde este Vicerrectorado, quiero resaltar de manera especial la tercera; "Escuchar con paciencia"; herramienta muy útil para futuros docentes y educadores que se enfrentan a una tutoría.

    En ocasiones pensamos que comunicar es hablar y hablar, cuando principalmente comunicar es escuchar, atender pacientemente, prestar atención a lo que un alumno nos quiere decir como alumno, y no lo que nos interesa oír como docentes.

    Ya nos recordó el beato Juan Pablo II en su visita a España que los españoles hablamos mucho y escuchamos poco… Valga este cariñoso recuerdo para resaltar la importancia de la escucha, de la escucha emocional; qué importante es que un docente capte el lenguaje emocional del alumno, muchas veces contrario a lo que nos dice. El aprendizaje de la comunicación emocional y, en general, de la escucha paciente, nos abrirá muchas puertas acerca del conocimiento del otro, de su acogida y el acompañamiento de su realidad.

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