La forma de mirar a los alumnos: casos reales

No en todas, pero sí en muchas ocasiones, la diferencia entre que un alumno evolucione favorablemente en los estudios y desarrolle plenamente sus capacidades o no lo haga, comienza por una correcta mirada y trato por parte de sus padres y profesores. Comienza por confiar en el (y ayudarle cuando sea necesario). No es cuestión de que avance y progrese de manera desorbitada, simplemente que avance y progrese en su medida, que pueda dar lo mejor de si mismo… independientemente de como se quiera cuantificar ese “mejor de si mismo”.

Seguro que más de un profesor habrá sido testigo de este hecho en su vida cotidiana. Pero también la vida de grandes personajes de la historia nos demuestra que esto es así.

Thomas Alva Edison (1878)

La primera experiencia en el colegio de Thomas Alva Edison, cuando contaba con 7 años, duró apenas tres meses. Sus maestros decían que era demasiado tonto para aprender y que presentaba una falta absoluta de interés además de una torpeza más que manifiesta. Ante esta afirmación, su madre, que había ejercido como maestra, lo sacó del colegio y le enseñó ella misma. A los diez años el joven Edison había ya instalado su primer laboratorio de química donde comenzó a desarrollar inventos. Llegó a producir a lo largo de su vida más de 1300 inventos que todavía hoy son utilizados. El ejemplo más destacable es la bombilla.

Ludvig Van Beethoven tocaba mal el violín de joven y, en vez de mejorar su técnica, prefería componer sus propias melodías. Su profesor de violín consideraba que no tenía futuro ni como compositor ni como violinista. Sin embargo, gracias a un músico llamado C. G. Neefe, el cual valoró su talento y publicó sus primeras composiciones, pudo Beethoven comenzar a trabajar en el teatro de la corte (1782) como ayudante de Neefe y comenzar a desarrollar y a hacer pública su obra. A lo largo de su vida Beethoven compuso gran cantidad de obras entre sonatas, cuartetos, sinfonías (destacable la 9ª sinfonía – 1824), etc. Hoy en día es considerado como uno de los autores más importantes de la música clásica.

Charles Darwin de joven

La asistencia del naturalista Charles Darwin a la escuela local la recordó, según sus palabras, como la peor experiencia que pudo sucederle en su desarrollo intelectual. En su día, el propio C. Darwin reconoció: “todos mis profesores me consideraban un chico común, más bien por debajo del nivel común del intelecto“. Cuando ya adulto dejó la carrera de medicina, su padre, por quien siempre guardo una gran admiración y respeto, le espetó: “lo único que te interesa es cazar y capturar perros y ratas”. Charles Darwin fue un naturalista de renombrado prestigio y el autor de númerosos libros entre los que destaca “El origen de las especies” con su teoría de la evolución.

Auguste Rodin fue descrito por su padre con las siguientes palabras: “tengo un hijo idiota”. Fue considerado el peor alumno de su escuela y fracasó hasta tres veces en su intento de ingresar en la escuela de Bellas Artes. Hoy en día, Rodin es considerado como el “primer moderno”, siendo autor de esculturas como “El pensador”, “El beso” o “Las tres sombras”.

Albert Einstein

Albert Einstein fue descrito por su profesora de primaria como mentalmente lento, insociable y encerrado siempre en sueños tontos. De hecho, fue expulsado y no se le permitió ingresar en la Escuela Politécnica de Zurich. Para colmo, en 1905, la Universidad de Berna rechazó su tesis doctoral sobre la teoría de la relatividad por considerarla irrelevatne y fantasiosa. Albert Einstein es considerado el científico más importante del siglo XX. Sus trabajos, entre los que destaca la famosa teoría de la relatividad, han sentado las bases de disciplinas como la física estadítica o la mecánica cuántica actual.

León Tolstoi abandonó el colegio tras ser descrito por su profesor como alguien “sin capacidad ni voluntad de aprender”. Tolstoi es considerado como uno de los más grandes escritores de occidente y de la literatura mundial por obras como “Guerra y Paz” o “Ana Karenina”.

 

Basado en el texto de Xose M. Dominguez “El profesor cristiano: identidad y misión” (pp. 82-86).

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