Conclusiones generales del VII Congreso Internacional Educación Católica para el Siglo XXI “Narración Bíblica y Educación”

1.- Se ha evidenciado la necesidad de recuperar la narración bíblica como fuente inagotable de sabiduría pedagógica, que puede ser aplicada de forma multidimensional.

(Baste como botón de muestra el Libro de Ester, trabajado en una de las ponencias, y que, desde la óptica psicopedagógica, sería un texto apropiado tanto para hacer un diagnóstico y tratamiento de la angustia como para mostrar el valor pedagógico de su adecuado afrontamiento).

2.- El relato bíblico no puede disociarse de la vida cotidiana.

Nos vemos reflejados en Abraham, David, José, o en cualquier otro personaje bíblico, porque aparecen descritos no como héroes sino como seres humanos que se equivocan pero que se arrepienten también.

El telón de fondo, pues, de la Biblia es la voluntad divina y la resistencia humana, algo de lo cual tenemos experiencia en cada momento de nuestra existencia. Son relatos forjados a partir de la experiencia de Dios, que se mezcla con el hombre concreto, al ritmo de su historia.

Estos relatos deben ser sembrados en las mentes de los niños para que no se olviden de las acciones de Dios y para que no cometan los mismos errores de sus padres.

3.- La narración bíblica remite a la educación familiar.

Si en el hogar no está la Biblia desde el nacimiento, la actividad del educador resultará muy difícil. La educación bíblica comienza en el oído del recién nacido. Y, después, continuar en la escuela, hoy “desbiblificada”.

4.- El texto bíblico siempre está abierto al juicio final del oyente, que debe dar una respuesta.

Por lo tanto, el texto bíblico hace que salga de nosotros lo más propio del ser humano que es dar una respuesta personal e intransferible (esto se ejemplifica especialmente en el caso de las parábolas evangélicas).

Así, la función del relato, unida al arte del narrador –el maestro- es poner en movimiento, provocar una reacción. Por lo tanto, el relato bíblico desarma al oyente, despierta su sentido moral, su finalidad es mostrar lo que no se quiere ver o no se quiere comprender.

5.- El texto bíblico suscita emociones.

Lo que el profesor no puede decir a un alumno/a, puede decírselo la Escritura (recordemos la intervención de Natán tras el pecado de David). Incluso narra hechos no ejemplares pero que provocarán un impacto emocional en el oyente que le llevará a consideraciones éticas o a la fe.

Las parábolas exponen algo rodeando el tema, no afrontando la sentencia final en primera instancia sino como un proceso deductivo al final de la narración. Será al final de la narración cuando escuchemos la sentencia.

Resaltan, por tanto, y educan, la libertad. Contienen los dos elementos propios del saber pedagógico: retórica, que significa el arte de persuadir con la verdad y poética, hay belleza. La parábola plasma siempre una alternativa que le dice al oyente: – elige. El texto bíblico siempre presenta la elección entre la vida y la muerte.

6.- La parábola hace que penetre la sentencia exaltando el proceso de concienciar, a la vez que ejemplifica como se aprende y se pone en práctica aquello que dice la sentencia. Por lo tanto, suscita también la práctica. La sentencia es meramente intelectiva pero no promueve una acción inmanente del educando. Sin embargo, lo que tratamos es de educar su conciencia. La parábola permite ligar el intelecto y la conducta mediando un proceso emotivo.

7.- Una de las encrucijadas en las que se halla la educación actual es que busca antes resultados cuantificables que promover un cambio moral en el educando.

8.- El maestro es primero afectado por la narración bíblica

El maestro ha de proceder siguiendo dos pasos (la mejor pedagogía es un buen pedagogo): primero, ver cómo me afecta esto a mí, y, segundo, trasladar su experiencia al educando. Así debe lograr que el alumno ame lo que va a escuchar (si no, el alumno lo va a olvidar) y además, ha de comprobar que el mensaje puede ser aplicado y, por último, comprobará si el educando es capaz de repetirlo.

El educando necesita más de experiencia que de mera vivencia (experiencia significa que el maestro ama lo que le está transmitiendo) por lo que no basta hacer del aula un ámbito de meras vivencias sino de transmisión de una experiencia.

9.- El niño y el adolescente de hoy tiene necesidad de arraigo

El hombre en general se encuentra hoy desarraigado de un suelo que se llama tradición, (condenado a una permanente y penosa “autocreación”) El relato fortalece el sentido de pertenencia a una familia, a un pueblo.

10.- Nuestra óptica es cristológica.

Nos interesa Adán porque Cristo es el nuevo Adán; Abraham, porque Cristo tiene más fe que Abraham; Isaac, porque Cristo obedece más que Isaac, puesto que obedeció hasta la muerte, vaciándose de sí mismo.

La Biblia es la narración total porque es un gran kerygma. Todo hombre está esperando un kerygma: Cristo, que convierte el mal en bien y la muerte en vida.

El educador cristiano ha de buscar en los relatos bíblicos a Cristo, que resuena en toda la Escritura.

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Una respuesta a Conclusiones generales del VII Congreso Internacional Educación Católica para el Siglo XXI “Narración Bíblica y Educación”

  1. JPMarichal dijo:

    Muy buenas referencias, me han dejado mucho en que pensar y agradezco este listado de puntos importantes. Gracias.

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