La esperanza… ”todo irá bien”. ¿Seguro?

Ante el que sufre, ante mi propio sufrimiento… la esperanza es lo último que se pierde. Pero, ¿qué esperanza? La esperanza del “no te preocupes. Todo irá bien”, se pierde, porque puede que tu situación, la del que tienes ante ti sufriendo, no cambie. No cambió la situación de Jesús en la cruz. Pero no perdió la esperanza. Al menos una forma de esperanza, la cristiana. Él perdió la esperanza de un optimismo vacío de razones para esperar, de un espejismo fugaz y utópico. La esperanza no es utópica ni atópica. Tiene un lugar: Dios.

Como cristiana no puedo ponerme ante el sufrimiento del otro y darle consuelo en ese sufrimiento diciéndole que todo irá bien. Pero sí puedo decirle que continúe esperando, que “todo está bien hecho”. Es la confianza de Jesús en la cruz. Para eso no es sólo necesario comprender la esperanza, el sufrimiento de esta forma. Es necesario comprender la vida, la historia desde la unidad. Una unidad que la da la misma esperanza, la confianza en Dios. Para esperar hay que esperar. Para creer que Dios hace bien tu vida hay que creer en un Dios que ama, hay que creer en un Dios que vence a la muerte. Un Dios que te ama, que vence tu muerte. Jesús responde a la cuestión sobre la fe en Dios poniendo su vida en las manos de Dios. “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27,46). “Padre, en tus manos pongo mi espíritu”(Lc 23,45).

Una esperanza contra toda esperanza. Porque creer que toda mi vida está bien hecha es esperar contra toda esperanza. Porque ser capaz de encontrar unidad en cada pedazo, fragmento, desgarrón en el relato de mi vida es esperar contra toda esperanza.  Porque ya no espero algo. Espero a Alguien. Espero que me diga que mi esperanza está fundada en aquello que da soporte a la existencia humana: en el Amor. Es una esperanza que vive esperando lo que ya se está realizando. Como recita Antonio Machado: “Hoy es siempre todavía”. Y el Salmo: “Espera en Dios, que volverás a alabarlo” (Sal 41,6). Volverás… porque hoy es siempre… también ayer… quizás mañana… Porque el todavía en que tu vida se va entretejiendo transformará la esperanza en una alabanza continua.

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