Al hilo de “Tónicos de la voluntad”

Santiago Ramón y Cajal

En España, las nuevas generaciones suben a  la universidad, a mi entender, con problemas de fondo. Nos ocupa esta reflexión uno de ellos: la “voluntad débil”, calificada por algunos como “casi una enfermedad”.

El libro Tónicos de la voluntad de Santiago Ramón y Cajal podría darnos pistas tanto a los docentes como a  alumnos  de por dónde ir para articular la fortaleza de la voluntad.

En nuestro medio social rige la emotividad por encima de la voluntad, hállase la voluntad oscurecida y floja, quiero…, pero… ni lo intento, todo se desenvuelve en el mundo de las ideas que muy fácilmente se marchitan cual planta falta de riego. Antes que nada, aparece una premisa de necesidad de satisfacción inmediata –más propia de la infancia-  que viene mediada por numerosas y gratuitas (sin esfuerzo) diversiones y ofertas. Éstas obnubilan una mente pensante y reflexiva.

El estudio, la lectura, la investigación, las tertulias científicas, los viajes culturales… estas actividades necesitamos incorporarlas a nuestra España turística. Culturizan a la población y elevan el alma, creando así un humus para estimular la imaginación, la creatividad, la innovación… así se puede llegar a lograr mentes originales capaces de estudiar el estudio.

Ramón y Cajal hace algunas estimulantes observaciones y afirma que el trabajo y la perseverancia  constituyen  el secreto de la investigación y el desarrollo. “Todo hombre si se lo propone puede llegar a ser escultor de su propio cerebro”. “Una inteligencia mediana, pero disciplinada, cultivada, asistida por una cultura asidua puede llegar a hacer verdaderos descubrimientos”. Estos descubrimientos o ideas geniales son el fruto fecundado por la energía de una voluntad resuelta a crear algo original.

El propio Santiago Ramón y Cajal se pregunta: ¿es que acaso yo poseo aptitudes especiales para la  labor científica? Y él mismo lo niega en redondo y apela a que preguntemos a sus profesores de Bachiller, los cuales testificarían en su contra ya que era un alumno indócil, turbulento, desaplicado, es decir, un alumno más bien regular. Él mismo dice que estaba aquejado de un sarampión poético y romántico inflamado por la fantasia.

A mí me parece, leyendo su biografía, que varias circunstancias y cualidades personales dieron fruto en un momento dado. Estas variables dependieron, en buena medida, del enfoque que le dieron  sus padres y maestros.

Primero: la presencia educadora de su padre en los primeros seis años de Santiago; su mismo padre estimuló su cerebro en desarrollo, le enseñó él mismo –no estaba escolarizado-, a leer, a escribir… a los 6 años tenía conocimientos de francés, aritmética, geografía, historia… y le dejaba campar a sus anchas  investigando en la naturaleza.

Segundo: sus juegos infantiles, exentos de cualquier artilugio;  le gustaba “observar a los animales” y ya coleccionaba huevos de aves y los acompañaba  desde la incubación hasta la madurez. Era un chico muy curioso que se hacía constantes preguntas.

Tercero: quizás podríamos reconocer en “su petulante independencia de juicio” un obstáculo al aprendizaje (hoy lo hubiéramos diagnosticado rápidamente de hiperactivo o de trastorno de conducta). Pero sin embargo, bien enfocada, esta cualidad “neutra” maduró en un juicio investigador.

El cuarto: Santiago tenía vergüenza ajena de la decadencia científica en España. ¿Por qué no hay ni un solo nombre español en los tratados de Fisiología (en el siglo pasado)? ¿Dónde están los sabios españoles?  Este dolor, refiere él mismo,  le llevó a tomar una decisión: “No. España debe tener anatómicos y, si las fuerzas y la voluntad no me fallan, yo procuraré ser uno de ellos”.

“¡Ojalá  -dice-, que ésta, mi experiencia personal, sirva para fortalecer las esperanzas de los estudiantes!”-

El estudiante no sólo dispone de sus propias fuerzas desnudas, es necesario que tenga un guía que estimule la chispa que ilumina la inteligencia. El profesor dedica sus esfuerzos a alentar  y fortalecer  la voluntad del estudiante. Trabajar por “la pasión que suscita una idea” y para esto no hace falta ser extraordinario, hace falta trabajar y seguir trabajando.

A nivel práctico significa cambiar los “es que… ” por  “¿y si…?”

En Santiago fue la exaltación del patriotismo lo que doblegó su voluntad, poner su fuerza al servicio de la ciencia para obtener la fama, la gloria (su premio nobel) de un descubrimiento: en el tejido nervioso no sólo hay fibras, hay células: las neuronas.

Nuestros estudiantes son jóvenes y esperan de nosotros apoyo, disciplina, afecto y conocimientos, buscar juntos la verdad científica de los hechos y que potenciemos sus intuiciones. No todo está descubierto, aún nos falta mucho;  aunque parezca que hay una inflación de artículos y estudios,  justamente, faltan estudios relacionados con la verdad intrínseca de la persona que es un ser espiritual y nacido en una familia, en un ambiente.

Yo me quedo con Fleming (1881-1928): era un estudiante al que le gustaban mucho la natación y el tiro al rifle, esto es lo que hizo que lo contratasen en el hospital Sant Mary de Londres. No le gustaba nada la gloria, era más bien tímido, metódico y humilde, era un hombre trabajador, vulgar, nadie lo consideraba un científico, el trabajo era su cruz, le encantaba cultivar su huerto y estar con su familia. El descubrimiento del antibiótico penicilina (moho penicilium) fue azaroso.

Al final de su vida estaba feliz, no por la fama y el éxito sino porque pensaba en los millones de personas que se iban a beneficiar de este descubrimiento.

Y es que, como decía Pasteur: “el azar favorece a una mente preparada”.

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Gracia Arolas

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Una respuesta a Al hilo de “Tónicos de la voluntad”

  1. Fatima dijo:

    Magnífico artículo!!!

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