El habitus de Aristóteles y el sexismo en Mad Men

Un modesto profesor puede ser acusado de aburrido, pero nunca puede ser acusado de no estar a la última en los contenidos científicos de la materia que pretende enseñar (en mi caso, la Pedagogía). Confieso públicamente que soy aburrido cuando digo que estoy leyendo a Aristóteles, pero cuando digo que estoy releyendo La dominación masculina, de Pierre Bourdieu, se debe considerar que estoy actualizando mis conocimientos con el gurú de la Sociología francesa de los últimos años. Ya no digo más cuando confieso seguir en la televisión el serial norteamericano Mad Men. Pero, ¿qué tienen que ver en común Aristóteles, La dominación masculina y Mad Men?

Actores de la serie "Mad Men"

Varios críticos han argumentado que la representación en Mad Men de un sinfín de situaciones donde se fuma, se bebe y se hacen escapadas sexuales entre los jefes (varones) y las secretarias son apelaciones de la época (años 60 del siglo pasado) a los espectadores actuales (siglo XXI). En Mad Men, el sexismo, en particular, es casi sofocante, cuando no la misoginia cotidiana: “esferas separadas” de amas de casa y sus esposos, amas de casa (con estudios universitarios) sin ninguna relación con el mundo laboral, esposos sin ninguna implicación en el hogar y cuidado de la prole, secretarias preocupadas exclusivamente en agradar físicamente al jefe (varón), ejecutivos interesados en conquistar por una noche a las secretarias…

Apenas hay sentido crítico por los agentes de la trama, en una especie de idiocia generalizada (a los ojos del espectador actual). ¿Cómo explicar, desde la Pedagogía, y brevemente, esta falta de sentido crítico de los agentes sociales y, particularmente, de las mujeres, en la serie?  Aquí utilizaremos dos categorías para la explicación: el “habitus” y el “aprendizaje por emulación”.

El “habitus” es uno de los conceptos centrales de la teoría sociológica de Pierre Bourdieu. Por tal podemos entender diseños de obrar, pensar y sentir asociados a la posición social. El “habitus” hace que personas de un entorno social homogéneo tiendan a compartir (de modo acrítico) estilos de vida parecidos. El “habitus” se aprende mediante el cuerpo, mediante un proceso de familiarización práctica, que no pasa por la conciencia, sino por la observación directa de estereotipos (“aprendizaje por emulación”). Este “aprendizaje por emulación” es usado por el mundo de la publicidad, que constantemente nos propone personas, a quienes admiramos por ciertas características (apariencia, logros sociales, habilidades), como modelos de comportamiento. Y es un logro maestro de la serie, pues una serie dedicada al mundo de la publicidad como es Mad Men, utiliza un recurso del mundo de la publicidad (el “aprendizaje por emulación”) para hacernos señalar la falta de crítica social a actitudes tan manifiestas como el sexismo (y otras, como el racismo, la xenofobia, el clasismo, el acoso laboral, etc.).

Pero “nihil sub sole novum”: el concepto de “habitus” proviene de Aristóteles; “habitus” es la traducción latina que Aquino y Boecio dan al concepto aristotélico de “Hexis”. En Psicología el hábito es cualquier comportamiento, individual o colectivo, repetido regularmente, que requiere de un pequeño o ningún raciocinio y es aprendido, más que innato. Se trata, por tanto, de un “aprendizaje por emulación”. En la Ética a Nicómaco, Aristóteles define los hábitos como aquello en virtud de lo cual nos comportamos bien o mal respecto de las pasiones. El hábito predispone a un sujeto para la realización perfecta de una tarea o actividad. De ahí la importancia de los modelos de comportamiento social, que aceptamos de modo acrítico o inconsciente, (y la otra cara de la moneda, el sentido crítico hacia ciertos hábitos sociales) para ir construyendo sociedades cada vez más justas.

El problema del “habitus” es que es bueno para explicar por qué las personas se comportan de forma parecida cuando comparten una cierta posición social, pero no para explicar por qué se comportan de forma distinta. Aquí entran la educación (del sentido crítico) y la libertad del individuo, sea hombre o mujer. Precisamente, y sin pisar la trama de Mad Men, en la serie destacan personajes femeninos que luchan por alcanzar la liberación personal, en los años agitados antes del advenimiento de las revoluciones culturales de finales de los años 60.

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