El problema de la lectura en la web

La lectura en la web es diferente a la lectura lineal tradicional

En muchas ocasiones, recomendamos a nuestros alumnos la lectura de páginas web que contienen información valiosa y muy interesante. Esperamos de ellos que realicen una lectura comprensiva y profunda que les ayude en el aprendizaje de la asignatura. Que adquieran conocimientos que complementen o asienten lo impartido en clase. En otras ocasiones somos nosotros mismos los que encontramos información novedosa o relevante y tratamos de realizar esta lectura comprensiva.

En ambos casos y en muchas ocasiones, ese intento de lectura comprensiva concluye sin éxito.

El problema es que las páginas web de Internet no están hechas para este tipo de lectura.

Como indica Nicholas Carr en su libro Que está haciendo Internet a nuestros cerebros: “Internet favorece e invita a una lectura superficial, a pensar de manera rápida y distraída, y a aprender de manera superficial”.

Esto no quiere decir que sea  imposible realizar una lectura comprensiva y profunda a través de Internet, simplemente que no es el tipo de lectura que se favorece y recompensa.

La lectura de una página web lleva implícita una encarnizada batalla de una serie de elementos que luchan por ganar tu atención. Aunque tú acudas a una web para leer tranquilamente su contenido, en seguida aparecerán elementos que te “invitarán” a que tomes otros caminos, a que te centres en otros elementos o a que visites otras páginas. De esta manera, mantener la atención durante un tiempo prolongado en el contenido textual de una página web puede convertirse a veces en toda una odisea.

De hecho, los especialistas recomiendan que las entradas de una web, como ésta que estás leyendo, tengan alrededor de 500 palabras de contenido (algunos indican que 200 palabras son suficientes). Comparando esta cantidad de palabras con las que nuestros alumnos o nosotros podemos leer en unos apuntes, en un artículo o en un libro, nos damos cuenta de que 500 son pocas palabras. Esto es porque esta pequeña cantidad de palabras está en sintonía con esa forma superficial de leer en Internet (como un escaneo).

Fíjate, cuando entras en una web, ¿qué es lo primero que llama tu atención? Probablemente, lo primero que veas sean los enlaces, que están en un color distinto y que destacan. Destacan para que puedas pulsarlos y acceder a más contenido (dejando la web en la que te encuentras y dejando la lectura a mitad, o abriendo nuevas pestañas dejando gran cantidad de información “pendiente para leer”). La razón es que la lectura en la web no es lineal (como en un libro), sino jerárquica. Y son esos enlaces los que le dan esa estructura.

Por otro lado, está demostrado que el tener que utilizar recursos mentales para decidir si se pulsa sobre un enlace o no, aunque imperceptible para nosotros, dificulta la comprensión y la retención, sobre todo cuando se repite constantemente (como sucede en una página web).

Quizá antes que los enlaces, te fijes en los títulos del texto que lo dividen en secciones: textos de mayor tamaño y que en ocasiones utilizan un color de texto diferente. El objetivo de estos títulos es dividir el texto y partirlo en secciones para que la lectura sea más estructurada y llevadera. De nuevo, aunque los títulos esquematizan el texto, facilitan la lectura superficial.

Después la web tendrá una serie de imágenes o botones que también solicitarán tu atención. Esta misma web tiene unas imágenes en el lateral, constantemente disponibles, sobre las que puedes pulsar. En otras webs, aparecen además enlaces a otras entradas (“Lo más leído”, por ejemplo), lo que hace que de nuevo tu atención se divida.

También los iconos de las redes sociales que hay aquí, un poco más abajo, te “dan la opción” de que los pulses para compartir este contenido… Los botones del menú, los enlaces del pie de página, los botones de un formulario, los anuncios que pueden aparecer con publicidad, que encima está animada y se mueve, etc.

Muchos docentes han dado por sentado que el uso de material multimedia, con la integración de imágenes, sonido, texto, etc. supondría una mejora en el aprendizaje.

Las investigaciones han demostrado que la realidad es justamente la contraria: la división de atención que implica atender a un material de este tipo, afecta a nuestras habilidades cognitivas, disminuyendo nuestro aprendizaje y debilitando nuestra compresión.

Internet es, desde su diseño, un sistema que busca interrumpirte, una máquina preparada para dividir tu atención.

¿Quiere decir esto que no debemos leer en Internet? No. Solo quiere decir que una lectura comprensiva que favorezca el aprendizaje de los alumnos se conseguirá mucho más fácilmente a través de otros medios (como el tan denostado papel) o a través de documentos sencillos.

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